Hablar sobre la “dictadura del proletariado; una recurrencia necesaria.
La “dictadura del proletariado”, tal como la concibieron los padres fundadores del comunismo clásico en su tiempo, no se instaurado jamás en ningún sitio. Todas las que se autodenominaron de tal modo a lo largo del pasado siglo, no fueron en la práctica otra cosa que tiranías unipersonales, las cuales, con el apoyo, a veces, de la clase obrera, entre otros sectores más ingenuos o menos políticamente preparados de la población, asaltaron y se apoderaron del poder, para terminar luego ejerciendo la furia del estado, contra los mismos a quienes se ufanaban de representar; los obreros. Hay nombres que aún retumban en los oídos de la humanidad: Stalin, Mao Zedong, Josip Broz Tito, Nicolae Ceaucescu, Honecker, Pol Pot… como exponentes de esas autocracias que azolaron al mundo en su momento.
Algunas más sanguinarias y tristemente célebres que otras, como las de la Unión soviética, China y Kampuchea. Algunas más dolorosamente largas en el tiempo, como la que acumulando fracaso tras fracaso a lo largo de más de medio siglo, aún se aferra a los mandos de la maquinaria del gobierno en Cuba, a través de una gerontocracia militante que no brinda atisbos de querer permitirle a nuestro pueblo ni asomar la cabeza a lo que le pueden brindar los nuevos tiempos, sobre todo en cuanto a la tecnología de la comunicación. Como lo han venido demostrando en los últimos días, con la gran campaña que han organizado, tratando de demonizar al Internet luego del encarcelamiento de Alan Gross, un norteamericano cuyo único “crimen comprobado” ha sido el de proporcionar gratuitamente medios técnicos a algunos miembros de la sociedad civil, para que pudieran disfrutar de su derecho humano al libre acceso a la información. Algo por lo que en cualquier país genuinamente libre de la tierra, le habrían agradecido.
A los pueblos es fácil convencerlos y manipularlos y engañarlos, con la verborrea populista, que les dice siempre lo que quieren oír, a fin de estimularles, muchas veces hasta el arrebato, sus más bajas pasiones. De esto pueden dar fe los mejores maestros de ese campo en el transcurso del pasado siglo: Hitler, Mussolini, Fidel Castro y Mao, quienes se aprovecharon de una parte importante de los miembros de sus sociedades respectivas, para reprimir a los restantes, orquestando a un tiempo la propia anulación como individuos de los integrantes de ambos bandos. Pero todo aquello no podría lograrse si a la vez, no se le impone al pueblo el más férreo bloqueo a toda información que no se avenga con los intereses de los usurpadores del poder.
Es por eso, más que por cavernícolas, aunque también lo sean, que los integrantes del consejo de ancianos que personifican hoy en nuestro país la “dictadura del proletariado”, están empleando a fondo, tanto su maquinaria de sembrar terror, como sus medios técnicos y su dominio de la propaganda, para imponer la idea, entre los habitantes de la isla, de que lo que pretenden “los imperialistas y los enemigos de la patria”, ¡la patria que son ellos por supuesto!, es “conquistar” a Cuba a través de Internet, para anexarla a los Estados Unidos.
¿Serán, quienes defienden esa absurdidad, por seguir los mandatos de esa “cúpula”, sencillamente malintencionada; imbéciles o ingenuos?
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