lunes, 14 de marzo de 2011

EN DEFENSA DE LA CIA

                             
     Nunca he creído, por más que lo repitan, en aquello de que las mentiras repetidas mil veces terminan por convertirse en realidades, porque a esa sofisticación intelectual del ideólogo nazi  Joseph Goebbels, exitoso experto en la manipulación de multitudes, se le impone el simple razonamiento popular de que primero se puede agarrar a un mentiroso que a un cojo, y hay cosas en las que como podría haber dicho Sancho Panza en cualquiera de sus célebres diálogos, a la sabiduría popular me atengo.
     En el pasado, el castrocomunismo y sus secuaces, y en el presente el neocomunismo de bolsillo y los suyos, que se hacen llamar abanderados del “socialismo del siglo XXI”, se han estado entregando a la tarea de intentar desprestigiar a la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos, acusándola de todos los males posibles, desde haber sido quienes provocaron la epidemia de fiebre porcina que asoló la población de cerdos en la isla de Cuba hace unos cuantos años, hasta  la creación in vitro del VIH, pasando por la elaboración, financiación y ejecución de todo tipo de acciones terroristas alrededor del mundo.
     Al extremo de que hasta el día de hoy cuando estos individuos quieren ofender, ridiculizar, desprestigiar o incluso amedrentar a una persona, lo acusan de ser un agente de la CIA o un “asalariado del imperio”, cosas que aparentemente para ellos han de ser tan malas como pertenecer a una organización mafiosa o a una red mundial de pedofilia. Recuerdo entre mis anécdotas curiosas, que la primera pregunta-acusación seria que mi padre, (un comunista convencido desde su juventud, que el día en que falleció hace varios años tal vez no lo era tanto por la vergüenza que le provocaban los desmanes de sus camaradas), me hizo, cuando se enteró de que mi situación sentimental al respecto de la revolución cubana había cambiado, fue que si me había metido agente de la CIA o estaba recibiendo dinero del imperialismo, y cuando le dije que por supuesto no, respiró aliviado como si le hubiesen quitado de sobre el corazón una gran carga.
     Y esto, cuando en realidad muchos sabemos que el gobierno de los Estados Unidos y sus instituciones están  no solamente entre los más sólidos y serios de la tierra, sino entre aquellos que muchísimo más han trabajado y aún se afanan, en beneficio de sus ciudadanos, que es igual a decir en beneficio de la humanidad, porque si hay una nación de la cual nos hayamos servido más los hombres en los últimos doscientos años de la historia, tanto por el progreso científico que ha irradiado en torno como por  ese poderío económico y militar, que ha sabido utilizar la mayor parte de las veces con tino, en auxilio de las causas justas, es esta. No en balde es un país al que la gente de medio mundo emigra en busca de progreso y libertad, muy al contrario de aquellos de los cuales sus habitantes suelen escapar como si se tratase de un infierno. Y no en balde es aquel a quien primero miramos cuando se trata de remediar desastres naturales o enfrentar los actos de terror causados por el hombre en cualquier sitio.
     Pero ¿qué es en realidad la CIA, mas allá de todos sus errores, políticas fallidas, descalabros y muchísimos males de los que no ha estado exento ningún cuerpo de inteligencia a lo largo de la historia humana, debido, según pienso, en gran medida, a que la mayor parte de su desempeño se realiza en la sombra y contra otros que también por lo general trabajan al amparo del “secreto de estado”, lo cual cuando no incita, obliga, indiscutiblemente, a la comisión de desatinos y de actos no del todo limpios o legales, a los ojos de quienes quisiéramos ver la sociedad discurriendo como una reunión en casa de familia?
      La CIA es más que todo, uno de los principales responsables de que nos podamos subir hoy a un avión en cualquier aeropuerto del planeta, con mucho menos miedo del que pudo existir en el pasado, a que vaya a venir un terrorista y nos lo eche abajo, porque es además un miembro inalienable de esa gran comunidad internacional de inteligencia que protege al mundo occidental en su conjunto, y no solamente a los Estados Unidos, de la barbarie oculta bajo el disfraz de ideas religiosas, que desde el Medio Oriente se quiere abalanzar sobre nosotros, con el fin de imponernos el Islam, intentando obtener, para lograrlo, incluso el arma atómica. Ya con sólo esto, los dignos y aguerridos oficiales que la integran merecen el respeto de la gente que sí sabe apreciar en lo que vale su propia libertad.
     Pero hay más y es que fueron los colaboradores de la CIA, en una gran medida, los gestores de que el imperialismo comunista soviético se viniera abajo acabando con su larga historia de más de siete décadas de crimen y miseria que condujo a millones de personas a la enajenación y a la muerte en todos los países del antes poderoso y hoy felizmente extinto, “campo socialista”. ¿Por qué creen que les molesta tanto a los neocomunistas de estos tiempos, una agencia norteamericana que no solamente ha hecho mucho más bien que mal, sino a la que a lo largo de su historia y a pesar de todos sus errores, nadie ha podido atribuirle nunca crímenes horrendos contra su propio pueblo como los que en su tiempo cometió la KGB soviética y comete aún hoy el DSE cubano?, pues porque los mantiene vigilados y cada cierto tiempo les enseña el puño para que se mantengan en la raya y sepan que si se atreven a lanzar la zarpa, un animal más grande irá a por ellos.  
    Mientras por otro lado, ¿qué podemos decir de la moral que para lanzarles la primera piedra, pueden tener aquellos que la acusan? ¿Cuántas de las acciones encubiertas, muchas de ellas sangrientas como el atentado contra el ex dictador Somoza o contra el jefe de estado en ejercicio Augusto Pinochet, por citar sólo dos de las decenas de que existe el rumor, que en sus tiempos ordenaron o pagaron los Castro, no llegarán jamás a conocerse porque su previsora maldad se ha encargado no solamente de borrar huellas y destruir archivos, sino hasta de eliminar a quienes fueron su brazo ejecutor para cerciorarse de que la verdad no se supiera nunca? Eso no lo puede hacer la CIA, un organismo cuasi militar que no sólo trabaja bajo la supervisión de los civiles a través del congreso, sino que está obligado por las leyes, a cada cierto tiempo desclasificar sus documentos.
     Ahora sí, si quieren que me acusen, a mí en el plano personal la CIA no me ha pagado nunca ni un centavo, ni creo que me lo pague en el futuro, no porque me vaya a sentir avergonzado de colaborar con su trabajo, sino porque mis modestas aptitudes para la alta complejidad de sus labores no les llegará a servir de mucho, pero desde aquí le dejo dicho que nada tengo moralmente en contra de participar en un plan de ella para ajusticiar a Fidel Castro, un tirano que ha oprimido a mi pueblo por más de medio siglo mandando a fusilar o a asesinar a todo el que se la ha antojado necesario, y que por otra parte no ha cesado nunca de patrocinar guerrillas izquierdistas responsables de decenas de crímenes, ni de encubrir el tráfico de drogas, ni de  ocultar y proteger en Cuba no tan sólo a miembros de grupos terroristas de Latinoamérica y Europa, sino además de los Estados Unidos, país al cual acusa de agredirle.
     Me atengo a aquellos versos de José Martí: ¿Del tirano?, del tirano/ di todo, di más y clava/con furia de mano esclava/sobre su oprobio al tirano. 

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